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13 de septiembre de 2011

Ira Regia

Retomamos al Cid Campeador en Sevilla, siendo admirado y respetado por todo el pueblo moro, judío y cristiano, lo cierto es que debía imponer este caballero por las victorias conseguidas y la aplicación rigurosa de las leyes castellanas.

Allí en Sevilla sus hombres le eran leales hasta la última consecuencia y al enterarse de que habían atacado las plazas fronterizas de Gormaz por parte de las huestes moras de la taifa de Toledo, acudió raudo a defender el Castillo.

Seguramente estos ataques no eran más que batallitas de rapiña por parte de los moros toledanos, unos saqueos más de los cientos que sucedían a lo largo del año, pero esta vez se encontraron los hombres de Al-Qadir con todo un caballero que no deja olvidados nunca a los suyos.

Así que llegado a Gormaz repelió esos ataques de rapiña y además persiguió a los moros hasta tierras toledanas, saqueando las plazas de la frontera de Toledo.

Terminada esta venganza contra su gente, aprovecha para rendir cuentas con Alfonso VI, el Cid con sus hombres, cargado de riquezas obtenidas en Sevilla y demás motines de guerra, acude con los presentes ante su rey.

Mientras Alfonso VI recibe con desagrado esta invasión de las fronteras de Toledo, allí tenía previsto cumplir sus propósitos y estos acontecimientos eran como una china en sus chanclas, además muchos nobles le estaban malmetiendo contra Rodrigo Díaz de Vivar con acusaciones e injurias sobre su posible corrupción y robo de lo que por ley y derecho pertenecía al reino.

Al Cid le pilló todo por sorpresa, él en todo momento había actuado con la nobleza debida y defendiendo a los suyos por muy lejanos que estuviesen, además nunca se pudo demostrar que las acusaciones fueran ciertas, pues su lealtad al rey Alfonso VI siempre fue impoluta.

No obstante, el rey Alfonso, quizá se dejó llevar por la presión de sus nobles o vio una oportunidad de solucionar el conflicto de intereses con la taifa de Toledo y las promesas realizadas a Al-Qadir, o simplemente vengarse de lo ocurrido en Santa Gadea.

Lo cierto es que aplicó la Ira Regia sobre el Cid Campeador y lo desterró.

La Ira Regia era una sanción de las más duras de la época ya que con ella se procedía a castigar a los que caían en desgracia ante el rey, con ella se perdía todo favor real, se perdía el vasallaje y se debía abandonar las tierras del reino.

Era posiblemente el Otoño del 1.081 y el Cid dejaba el reino de Castilla desolado pero con la cabeza bien alta sintiéndose inocente, le arropaban sus más de 300 valientes guerreros que también sabían de la inocencia del de Vivar.

Al paso de esta comitiva encabezada por el Cid, cuenta la leyenda que las gentes de los pueblos le gritaban con admiración "qué buen vasallo si tuviera buen señor"

En su casa de San Pedro de Cardeña tiene que dejar a su mujer y sus hijos, no podía llevarles con él, su futuro era incierto y comenzaría una andadura en solitario.

Rodrigo era muy consciente y también todos los que hemos leído algo de esa época, de que sus hombres, vasallos y huestes, tenían que comer y la única forma con que sabían y podían ganarse el jornal era en las guerras y batallas.

Así que aquí comienza una nueva aventura con la que mañana les seguiré amenizando esta historia.

Pero no quiero dejar en el camino varios apuntes, uno es el caballo del Cid, Babieca, toda una leyenda o una realidad, queda al sentido común o a nuestra imaginación, pero no se puede descartar que en Sevilla, Al-Mutamid le regalara semejante equino, y también están sus espadas Colada y Tizona de las cuales una de ellas la Tizona es patrimonio histórico de España, pero también nos debatimos como en todo lo que acontece a este Mío Cid con la leyenda o la realidad, bien cierto es que las últimas pruebas realizadas a la espada Tizona la sitúan en aquellos días.


4 comentarios:

  1. Interesante ir recordando retazos de historia dada en mis tiempos de mozo ya bastante lejanos.Esperemos acontecimientos.Leo esto antes que el periodico por lo menos no me quema la sangre.....
    Abrazos

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  2. Gracias Gonzalo, están las noticias diarias que hay que cogerlas con pinzas para no mancharnos.

    Un abrazo.

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  3. Conflicto de intereses con la Taifa de Toledo, la influencia que pudieron tener otros nobles, el episodio de Santa Gadea... Todo esto pudo precipitar la decisión del destierro adoptada por el Rey a quien debía resultarle muy molesto tener que vérselas con una figura respetada y temida a partes iguales por cristianos y musulmanes y que inevitablemente le hacía sombra. Me temo que la decisión arrastraba muchas connotaciones de carácter personal estratégicamente solapadas por razones de gobierno.
    Un abrazo tinerfeño
    CC

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  4. Complicada decisión CC, creo sinceramente que se vio obligado a hacerlo por la presión de sus nobles, aunque en el fondo ese no era su deseo, para él este Caballero hubiera sido el mejor Capitán para sus ejércitos.

    Un abrazo.

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