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29 de octubre de 2010

Contraria sunt Complementa

Después de hacer una meditación en alto ayer con aquello de Tomar Decisiones los buscadores me han dado una grata sorpresa pues he encontrado una historia que me gustaría compartir con todos ustedes pues es el más claro ejemplo de que el camino correcto es enseñar a pensar a nuestros hijos.

Contraria sunt Complementa fue la clave para llegar a esta interesante historia.

Cuentan que D. Ernest Rutherford tenía una anécdota que iba contando en muchas de sus conferencias tras recibir el Nobel de Química en 1908.

Por lo visto un amigo suyo, profesor, le pidió consejo sobre un alumno al que no sabían que nota poner en un ejercicio de física pues su repuesta al mismo bien podría ser merecedora de un cero como de un sobresaliente.

Así que este profesor fue elegido como árbitro para discernir si este estudiante merecía aprobar o suspender la asignatura de física.

La pregunta del examen era:

Demuestre como es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro.

A lo que el estudiante en cuestión respondió.

Se sube el barómetro a la azotea del edificio, se le ata una cuerda y se descuelga hasta el suelo, una vez allí, sólo queda medir la longitud de la cuerda y obtendremos la altura del edificio.

Todo un reto para este profesor, la respuesta era totalmente correcta y había usado los elementos disponibles en el planteamiento del problema, pero surgía una duda razonable sobre si su resultado se ajustaba a lo que le habían enseñado.

Así que este profesor tomó la decisión de dar otra oportunidad al estudiante y le realizó un nuevo examen con la misma pregunta.

El estudiante ante su folio en blanco le dijo a este profesor, son tantas las respuestas que podría darle que no sé cual exponer en la resolución del ejercicio, pero al final dejó esta respuesta:

Se coge el barómetro y se lanza al suelo desde la azotea del edificio, se calcula el tiempo de caída y se aplica la fórmula Y=Vo.T +1/2 G(T)2, y así se obtiene la altura del Edificio.

Le concedió sin dudarlo un sobresaliente a este estudiante, pero quiso tener con él una pequeña conversación pues quedó intrigado en todas esas respuestas posibles al ejercicio del examen.

Mire estuve dudando en responder lo siguiente:

Se coge el barómetro en un día soleado y se mide la altura del mismo y la longitud de su sombra, después se mide la longitud de la sombra del edificio y aplicando simplemente una regla proporcional tendremos la respuesta a la cuestión planteada.

También le hubiera podido responder:

Si con el barómetro vas subiendo piso por piso el edificio y vas marcando las alturas que datan en el barómetro, en la azotea cuentas el número de marcas y lo multiplicamos por la altura del barómetro y nos dará como resultado la altura del edificio.

Pensé también en algo más complicado para la resolución de este planteamiento:

Calculemos que tenemos el barómetro en la azotea y lo hacemos moverse con un péndulo y que allí la gravedad es cero, aplicando la trigonometría cuando realicemos lo mismo en el pie del edificio nos resultará que sabremos la altura del mismo, gracias a su periodo de precesión.

No me atreví a dar la respuesta más sencilla por temor a sacar una carcajada del examinador:

Acudes a la casa del portero del edificio, le dices que le regalas el barómetro si te dice cuanta altura tiene el edificio y problema resuelto.

En esto que el profesor maravillado con el ingenio del estudiante ya cambió un poco su tono de condescendencia y le dijo, ¿Pero usted realmente sabe resolver este ejercicio como se le ha enseñado en clase?

Por supuesto, la diferencia de presión marcada en un barómetro en dos lugares diferentes nos da como resultado la diferencia de altura entre los mismos.

Entonces dígame usted ¿Por qué no eligió esta respuesta que bien sabía y optó por dar otra?.

No lo sé, quizá la culpa sea de mis padres y de mis profesores, ellos siempre me enseñaron a PENSAR.

Los años pasaron y este joven estudiante comenzó a ser muy conocido por recibir el Premio Nobel  de física en 1.922, se trataba de D. Niels Bohr.

Sería el año 1985 cuando la UNESCO editó la siguiente medalla que nos dejó por siempre aquello de que los opuestos son complementarios, o como reza en el título del post Contraria sunt comprementa.




El saber y el pensar queridos amigos son complementarios y hoy estoy agradecido a Google que me llevó hasta esta historia para compartir con todos ustedes.

Y aprovecho para agradecer a tanto profesor que conozco en la Red y vida 1.0 por esa inestimable forma de plasmar el saber en nuestros hijos y dotarles del don más preciado para el hombre, el pensamiento.

Si nuestros hijos saben pensar tienen más fácil el camino ante cualquier reto que se les presente en la vida.

ACTUALIZACIÓN
Para saber más sobre esta anécdota Tito Eliatron nos facilita este enlace para aprender algo más LA VERDAD sobre una anécdota y me acaban de mandar vía email este PPS para compartir con vosotros, la blogosfera es rápida y eficaz como siempre, así da gusto.

4 comentarios:

  1. Esta anécdota la saqué en mi blog hace no mucho.

    Lo más interesante son las respuestas de algunos usuarios, que sinteticé en unas actualizaciones. En particular, es muy ilustrador leer el artículo de FrancisTheMule de título La verdad sobre la anécdota de Rutherford, Bohr y el barómetro o un tributo al Profesor Calandra.

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  2. Gracias Tito Eliatron por el aporte, he actualizado el artículo para compartir tu recomendación en el mismo que me resultó muy interesante.

    Un abrazo.

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  3. Sabes que ami me suspendieron un examen de física en 2º de telecos teniendo la respuesta bien.
    Fui a la revisión y me dijo que si,que estaba bien,pero que eso no lo había explicado en clase y no podía aprobarme... ese día deje la carrera, no me interesaba aprender como un burrito.

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  4. El profesor también debía ser de los que enseñan a pensar, porque si no hubiese sido así, al no ser su respuesta la esperada, lo habría suspendido y olvidado.

    Un saludo y buen puente.

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