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29 de junio de 2011

Qué noches la de aquellos Días

Eramos jóvenes y habíamos oído grandes aventuras cuando se va de acampada, así que ni cortos ni perezosos nos fuimos a una tienda especializada ya que de aquella época eran pocos los lugares dónde se podía adquirir una pequeña tienda de campaña.

Dicho y hecho, compramos la tienda de campaña con capacidad para dos personas y dos sacos de dormir, una bombona azul y el famoso hornillo de acampada, todo para el maletero y rumbo a tierras de Cantabria.

Llegamos con nocturnidad y alevosía, estábamos cerca del mar, al amparo de las luces del coche, comenzamos a montar con pericia la tienda de campaña y en poco más de media hora estábamos relajados viendo las estrellas con el sonido de las olas a lo lejos.

De pronto se acercaron unas luces a nuestra posición, no eran seres de otro mundo, era la famosa Guardia Civil, que amablemente nos invitó a desmontar nuestra pequeña acampada ya que estaba prohibido en esa zona acampar en libertad, salvo como nos comunicaron nos fuésemos a los lugares habilitados para ello, los cuales algunos eran de pago.

No existía eso del 15M y hacer lo que a uno le de la gana sin pagar las consecuencias, así que con la misma velocidad que montamos, desmontábamos y cogíamos ruta nueva con el coche.

Unos treinta kilómetros dejando siempre a nuestra derecha la costa, volvimos a internarnos en el monte y de nuevo montamos la tienda de campaña y casi sin aventura ni nada, caímos derrotados de cansancio en un profundo sueño.

Era la primera vez que dormíamos en una tienda de campaña, así que el despertar fue espectacular, pero no por lo bonito de ese amanecer, que lo era, más bien por la dichosa vaca que estaba mugiendo a la entrada de nuestra tienda de campaña.

Y no, no había sólo una eran casi una docena, estábamos rodeados, sin llegar a estar acojonados, con la máxima prudencia decidimos desmontar con suavidad nuestra vivienda vacacional errante para con sigilo escapar por el camino en busca de un nuevo lugar dónde establecernos.

Estuvimos en varios pueblos, nos bañamos en distintas playas y era hora de nuevo de buscar un lugar dónde poder trasnochar al amparo de las estrellas, así que vuelta a empezar y vuelta a que la Guardia Civil nos pillara de nuevo y vuelta a desmontar y de nuevo a huir en busca de un lugar libre para dormir.

Estaba poniéndose la aventura pesada con tanto monta y desmonta, pero no dejaba de ser aventura y sin darnos cuenta estábamos en zona Asturiana, con la tienda de nuevo montada y un montón de risas por nuestra pericia para no ser denunciados.

Esa noche se nos olvidó dejar la basura en el coche y quedó a un lado de la tienda de campaña, así que se pueden imaginar la cantidad de psicofonías animalescas de alimañas nocturnas hambrientas dando la serenata hasta que volvía a amanecer y pasar otra noche casi sin querer en vela.

Cansados hasta más no poder, llegamos a una cala especial que nunca olvidaré, estaba bajando una trepidosa pista de tierra que hacía una curva venenosa pues terminaba en la misma arena.

A lo lejos se veía el mar, así a bote pronto les diría que se veía muy lejos, pero otros aventureros que por allí nos vieron, se acercaron y nos dijeron, aquí el coche se lo va a llevar ese agua del mar, la marea cuando sube, tapa esta cala y no se puede estar.

Ni pa lante, ni pa trás, era la canción que más sonaba en mi cabeza mientras iba caminando por la pista que tras varios kilómetros llegaba al pueblo más cercano, dónde buscaba un bar que no existía ya que allí  de ese tipo de establecimiento no se hacía uso, había un tele-club, que era una especie de tienda con mini bar.

De regreso hacia el coche, el camino fue más movido, el tractor la verdad que no iba muy rápido, pero llegamos a tiempo para que nos sacase el coche del laberinto en el que había caído.

Coche, tripulante y acompañante, aún tenían tres días para poder disfrutar de la aventura que se estaba convirtiendo en odisea, pero esta vez iríamos a piñón fijo, vimos un campamento que nos cobraban por acampar, pero a buen seguro como poco podríamos dormir en paz.

Dicho y hecho, pagado por acampar en libertad pero dentro de la legalidad, con el coche a hacer rutas, bañarnos en bonitas playas y llegar derrotados a pernoctar.

Sí a pasar la noche otra vez mal, nunca podíamos imaginar que aquello se parecía a la Gran Vía de Madrid en hora punta, gente hablando en algo que parecía que teníamos la radio puesta, gente llegando borracha y cantando y por supuesto los chasquidos y gemidos de algún polvo acelerado, nos dieron otra noche de órdago.

Quedaban dos días y el cuerpo estaba reventado, así que buscamos en un pueblo alojamiento en cama de hostal barato, que maravilla, que delicia, dormir de un tirón sin sobresaltos en las vacaciones, es lo más reconfortante y así estos dos días fueron lo mejor de la aventura.

Y dirán que porqué les cuento todo esto, pues nada que Lucía viendo cercano su cumpleaños quiere que pasemos una noche de acampada y lo vamos a hacer, claro que sí, pero sin ir con el 15M ni gaitas parecidas, y sin arriesgarnos a aventuras excesivamente cansinas.

Así que me ven hablando por teléfono con diversos hoteles que permitan que los niños acampen en el jardín mientras los papás son sabedores que la tranquilidad se puede mezclar con la aventura sin arriesgar el descanso vacacional.



6 comentarios:

  1. feliz cumple a lucía.
    la historia es muy bonita, y la que vais a emprender en la actualidad, puede que sea igual de bonita, os lo deseo.
    pero en los tiempos que nos corren hay parejas que la palabra HOTEL, le suena a todo su ingreso de desempleo por 4 o 5 dias.
    no es mi caso, pero puede que lo sea pronto.
    un abrazo y que disfuteis muchísimoooooo

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  2. Amigo Fomer, quien dice hotel, dice hostal,ja,ja,ja no está la cosa para tirar cohetes.

    Un abrazo y gracias

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  3. Yo también pasé con una tienda de campaña lo mío, pero era la única forma de hacer vacaciones por poco dinero.
    Un saludo.

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  4. Cayetano a veces lo barato sale caro, te lo digo muy en serio, costó más el collar que el galgo.

    Un abrazo.

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  5. ¿No querías aventura? Pues aventuras tuviste...
    Espero que el recuerdo que a tus hijos les deje la acampada sea más grato que el de los papis.

    Un abrazo

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  6. Así que de acampada ilegal por mi tierruca, jajajaja, parece que estoy viendo la tienda. De esas azules, la canadiense de toda la vida ¿a que sí?.

    ¡Que buen regalo ha pedido la peque! ¡Es total la tía! Espero que lo paseis fenomenal.

    Besucos,
    La anónima Anjanuca

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