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4 de marzo de 2013

Visión Desoladora

Hoy las cifras anunciadas sobre el paro en España nos vuelven a dar una visión desoladora de un país que sigue en años de vacas flacas y que está ciego ante todo lo que esta crisis nos está marcando para nuestro futuro más inmediato.

Esta circunstancia de un país ciego en el que unos pocos tuertos son capaces de ver una mínima salida de las profundidades macro-económica en las que nos encontramos me ha hecho recordar un acontecimiento histórico que hoy os voy a contar.

Resulta que un tal Samuel Esteban en el año 1.014 tenía un débil ejército que luchaba en aquellos momentos contra los bizantinos durante ya 40 años en una guerra imposible de ganar.

Allí estaba el búlgaro siempre deseando acabar con aquella larga guerra y en una de las batallas vio la oportunidad de conseguirlo ya que todos sus hombres ese día en el valle del río Struma y a las ordenes de su líder por primera vez en muchas batallas estaban teniendo la iniciativa y soñaron con conseguir esa deseada victoria.

Pero se quedó todo en un sueño, los bizantinos mejor armados y preparados ante la valentía de aquellos soldados prepararon su estrategia, los rodearon y como se imaginan ustedes y aciertan de pleno los derrotaron haciendo más de 15.000 prisioneros.

Samuel Esteban regresó a Bulgaria hundido por la derrota, pudo escapar por los pelos de aquella nueva humillación recibida pero a los pocos días recibía la notica de que los prisioneros regresaban a su tierra así que los esperó con impaciencia inusitada aún le quedaban arrestos para preparar una siguiente batalla.

Los días pasaban y las semanas también, su ejército no terminaba de llegar, se sentía engañado, las noticias que había recibido eran ciertas pero algo iba mal ya que aquellos 15.000 hombres aún no habían llegado.

Como buen Zar acudió presto con su caballo al encuentro de aquellos que siempre fueron valerosos  bajo sus órdenes ante el enemigo con la esperanza de encontrarlos y amigos, los encontró.

Desde una colina vislumbró a sus hombres, estos llegaban en grupos muy compactos de 100 hombres, alzaba su barbilla al cielo y se enorgullecía cada vez más de la presteza de aquel ejército que ante la derrota no perdía por lo que sus ojos observaban la armonía de un buen militar, aquellos hombres de cien en cien le hacían soñar con un posible final de la guerra en una nueva batalla, era aquella guerra tan larga que ya duraba cuarenta años con los bizantinos.

La distancia entre él y sus hombres no era mucha, pero el caminar de aquellos hombres era excesivamente lento, serían imaginaciones suyas o quizá la impaciencia, así que se lanzó al galope ante su encuentro, se merecían ser recibidos con los honores que un líder puede dar a sus hombres.

Y llegó ante ellos y la visión fue tan desoladora que acampó allí mismo y esa misma noche murió de un infarto y aquel día sería el último de una guerra excesivamente larga, de cuarenta años de esperanza perdida en la batalla, todo se perdió ante una visión desoladora, desgarradora.

El ejército de los bizantinos con aquellos 15.000 prisioneros tomó la decisión de dar un golpe de efecto en aquella guerra sin fin, dejó ciego a todos menos a 150 hombres que los dejó tuertos para que pudieran guiarlos en grupos de cien ante Samuel Esteban y recapacitase sobre quién ganaría aquella guerra.


Hoy vuelvo a ver la enorme lista de parados que hay en España y pienso en los políticos que nos gobiernan, los que ganaron y los que perdieron, en ambos, que siguen teniendo la esperanza de que esto vaya a cambiar algún día y cada vez que hay una reunión en Bruselas creo que una visión desoladora nos hará entender que para salir de esta situación crítica no vale nada todo lo que se ha hecho, hace falta algo más o nuestro país habrá perdido toda esperanza.

1 de marzo de 2013

Del Burdel a la Guerra

Era el año 1.646 y el rey Felipe IV estaba necesitado de soldados para seguir la lucha contra la sublevación de Cataluña, sería en la Guerra de los Segadores que tanta fama y tantos recuerdos históricos nos cuentan hoy en día para ensalzar el pasado bajo los intereses del presente.

El ejército español de aquellos años estaba muy diezmado ya que como siempre nuestros soldados caían constantemente en batallas habituales por defender tierras que al final eran de todos menos nuestras.

Pero lo de Cataluña era grave y prioritario así que se intentó reclutar a todos los voluntarios posibles para hacer frente a los catalanes, los resultados fueron un desastre, no había voluntarios suficientes y era necesario tomar medidas drásticas.

Bien asesorado el rey Felipe IV se encontró que no había hombres dispuestos a voluntariamente defender su patria pero las cantinas y burdeles de Madrid estaban a rebosar al anochecer de cualquier día, así que se le iluminó la bombilla que todos tenemos escondida en la testa y decidió hacer una macroredada en aquellos antros.

Debió de ser una noche dura y larga, de cantina en cantina, de burdel en burdel, miles de hombres fueron detenidos, puestos los grilletes en los tobillos y metidos en cientos de carros con dirección al campo de concentración de ese futuro ejército que iría a luchar en Cataluña.

El pánico se cebó aquellos días en Madrid, los burdeles y cantinas que estaban siempre llenos aparecían vacíos, los habituales clientes estaban ya vestidos con el uniforme de las armas y los esporádicos clientes del alterne y sexo de pago tenían más miedo que el Carracuca y no acudían porque sabían que del Burdel a la Guerra había un polvo muy estrecho.

Evidentemente esto causó una crisis en el sector de la hostelería y el gran malestar en las Madames de turno hizo que se tardaran años en recuperarse de aquella decisión monárquica.

Hoy seguimos haciendo historia que nuestras generaciones futuras estudiarán detenidamente, lo bueno es que lo harán con mucho humor y menos guerras que recordar.

 
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