Los Sanfermines están a punto de comenzar, queda muy poquito para el lanzamiento del Chupinazo y que de comienzo una fiesta sin igual; en todas las casas se rebusca la ropa blanca, se descarta aquella que ya no nos vale y se ultiman todos los detalles de pañuelicos, fajas y zapatillas y aparece en el trastero hasta el cubo para la merienda en los toros.
En la ciudad la llegada del Circo marca la antesala de la fiesta y acudir a una de sus sesiones antes de que llegue el tumulto es una de las opciones para los que aquí pasamos todo el año, el Circo está ya aquí, ha comenzado la función.
Son momentos delicados por la crisis, pero consumir en algo que nos hará felices durante dos horas quizá sea una gran inversión sobre todo para los más pequeños que salen llenos de ilusión y fantasía.
Nuestros pequeños están enganchados a lo enlatado, a lo pirateado, al mundo visto en el ordenador y de vez en cuando mostrarles la belleza del directo es una inversión educativa.
Trapecistas, Payasos, Caballos, Acróbatas, Elefantes, Tigres y sobre todo la magia de esos artistas que viven en caravanas durante todo el año justifica más que sobradamente hacer ese esfuerzo de consumo en momentos de crisis.
El precio de las entradas es muy similar (las más económicas) al precio de una sesión en el cine y luego dependiendo de tu presupuesto puede optar a mejores asientos, eso sí recuerda en la taquilla que no te den la butaca delante de una de las cuatro columnas que tiene la pista o te llevarás un gran chasco.
Huele ya a San Fermín, la magia ha comenzado y quizá durante unos días podamos vivir con ilusión la fiesta para olvidar las penas por las que atraviesa este maravilloso país.
El Circo es parte de nuestro pasado, de vez en cuando aparece en nuestro presente y si tenemos suerte igual no se extingue nunca ya que el directo tiene algo especial que ni Internet puede hacerle sombra.
Hoy quería hacer un pequeño homenaje al Circo, a todas esas personas que viven en constante peregrinación por las provincias de España, de Europa, del Mundo, ganándose con su esfuerzo el sueldo y sobreviviendo con gradas llenas a la mitad, función tras función en un mundo que necesita saborear un poco más de la magia de una sonrisa, del asombro de un niño y sobre todo de la ilusión, esa ilusión que nos lleva a aquellos años en el que el Circo era lo más grande que había en los espectáculos de nuestras ciudades.
Y en el intermedio disfrutar con pasión de ese dulce tan típico que por desgracia muchos ya no podemos catar, pero que a ellos les dio energías para estar aplaudiendo durante las dos horas que duró el mejor espectáculo del mundo.
Viva San Fermín, ya huele a Sanfermines en nuestra ciudad, así que con una bota y un calcetín pueden venir a visitar esta fiesta sin igual.






